La increíble historia de Kurt Tank, un nazi en Villa Carlos Paz

La ciudad de Villa Carlos Paz esconde la historia de uno de los ingenieros aeronáuticos más destacados del siglo XX, un genio con pasado nazi cuyos conocimientos se disputaban los aliados al concluir la Segunda Guerra Mundial. Entre 1947 y 1955, Kurt Tank, el célebre diseñador detrás de los aviones de combate más avanzados del Tercer Reich, encontró refugio en las sierras de Córdoba y puso en marcha su proyecto más ambicioso de posguerra: el avión a reacción Pulqui II

Nacido en 1898 en Alemania, Kurt Tank se hizo un nombre en la aviación como director y piloto de pruebas de la fábrica Focke-Wulf. Durante su carrera, diseñó aviones icónicos como el caza Fw 190 y el cuatrimotor Fw 200 Cóndor. Sin embargo, su obra maestra inconclusa, el caza a reacción Focke Wulf Ta 183 «Huckebein», se convertiría en un botín de guerra para las potencias aliadas. Tanto la Unión Soviética como Estados Unidos se inspiraron en sus planos para desarrollar sus propios cazas, el MiG-15 y el F-86, respectivamente, marcando un hito en la era de los jets.

Tras el fin de la guerra, Tank fue perseguido por agentes aliados, que buscaban sus conocimientos y su experiencia. Cansado de evadir la vigilancia, aceptó una audaz propuesta del gobierno argentino. Con la ayuda de una red de agentes secretos, huyó a Dinamarca, donde le fue otorgado un pasaporte argentino con el nombre de «Pedro Matis». Con este nombre falso, y acompañado de otros dos colegas, llegó a Buenos Aires en el otoño de 1947 con una valija llena de microfilmes de sus diseños.

Poco después de su llegada, se instaló en una casa en la calle Esteban González, en Villa del Lago, y desde allí, logró una reunión con el presidente Juan Domingo Perón y le presentó un plan audaz: construir una serie de aviones modernos, que pondrían a Argentina a la vanguardia de la tecnología aeronáutica. Este plan no solo incluyó el desarrollo de un caza a reacción, sino también un entrenador, un avión de reconocimiento y un bombardero. Incluso sugirió la creación de un jet de pasajeros, un concepto que los ingleses más tarde desarrollarían en el exitoso «Caravelle».

Kurt no estaba solo, lo acompañaba también Jürgen Naumann, uno de los inventores del Reloj Cucú de Villa Carlos Paz.

El proyecto más notable fue el del I.Ae. 33 Pulqui II (Flecha), una versión mejorada del Ta 183. El 8 de febrero de 1951, este avión fue presentado oficialmente al mundo. En un vuelo espectacular, pilotado por el propio Tank, el Pulqui II demostró su superioridad. Alcanzó velocidades de 1.040 km/h y subió hasta los 13.000 metros, realizando maniobras que dejaron al público atónito. La hazaña fue tal que Argentina se convirtió en el cuarto país del mundo en dominar esta tecnología, detrás de Estados Unidos, la Unión Soviética y Suecia.

La exitosa carrera de Tank en Argentina llegó a un abrupto final con la Revolución Libertadora de 1955. Perseguido por las nuevas autoridades, que lo acusaron de tener documentación falsa (el mismo pasaporte que le había entregado el gobierno argentino), Tank se vio obligado a abandonar el país. Los soldados ingresaron violentamente a la casa familiar y se llevaron pertenencias, algunas traídas de Alemania, que jamás fueron recuperadas.

Finalmente, junto a 14 miembros de su equipo, el genio alemán decidió trasladarse a la India, donde diseñó el caza HF-24 Marut. Su partida dejó inconclusos varios proyectos prometedores, como el transporte pentaturbina IA-36 Cóndor II y el IA-44.

A pesar de su salida forzada, el legado de Kurt Tank perduró en la aviación argentina. Los conocimientos y la tecnología que su equipo introdujo en el país sentaron las bases para futuros desarrollos, como el misil de largo alcance Cóndor, un proyecto que fue desmantelado en 1991 durante el gobierno de Carlos Menem y a pedido de los Estados Unidos.

Kurt Tank regresó a Alemania en la década de 1970 y falleció en 1983, a la edad de 83 años. En un último acto de amor por el país que lo acogió, sus cenizas fueron esparcidas en el estuario del Río de la Plata, un final poético para una vida de constante vuelo y movimiento. Su primera esposa, Charlotte, descansa en Córdoba, cerrando el círculo de su profunda conexión con Argentina.

A tal punto es el vínculo, que durante el 2024, el hijo del creador del Pulqui II, visitó las instalaciones de Fadea y recorrió la huella de su padre. A sus 86 años, Wolfram Tank recorrió además las instalaciones del ex Instituto Aerotécnico, espacio que transitó con frecuencia de niño en compañía de su padre luego de la guerra. Por aquel entonces, él tenía 11 años y cursó estudios secundarios con la octava promoción del Liceo Militar General Paz.

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